25 ago. 2011

Basquet y TIC. Animarse al cambio.

Parado. El segundo de dcha a izq
Corría el año 1989. Los pronósticos con mis rodillas no eran buenos –nunca lo fueron-, pero no alcanzaban para desalentarme. A esa altura tenía casi 15 años, ya hacía 6 que jugaba al basquet, y estaba claro que no iba a cumplir con mis aspiraciones de jugar en la selección argentina. Estaba condenado a ser uno más. Lo mío era lucha diaria y pasión por este deporte.
Es increíble pensar hacia atrás y entender que con todo lo que me pasó y costó terminé jugando en buena forma en primera.
Ese año perdimos los ocho primeros partidos, pero algo cambió. Algo me hizo entender que si me esforzaba y lograba superarme, mejoraba yo y también a mi equipo. Y no era cuestión de los que más tenían, porque yo no estaba en ese grupo. Era algo que simplemente nacía en uno. Una  necesidad. Entonces empecé a entrenar el doble que mis compañeros. Salía a correr costeando la vía entre Santos Lugares y Saenz Peña con unas bolsitas de arena atadas a las medias. Hacía todos los tiros que podía al aro hasta que oscurecía. Me hice unas pequeñas pesas con cemento mientas ayudaba a mi padre en la construcción de mi casa. Me leía todo la información que salía en la  revista “Encestando” y la “Solo Basquet” y escuchaba las transmisiones de Edgardo Román Chilvert en radio Splendid los domingos a la noche, y me veía en canal 9 el compilado de Paenza sobre la NBA…

Pero claro, por bueno o malo que yo fuera al basquet no se juga solo. En el equipo, además, tuvimos que entender varias cosas: que algunos tenían un rol más protagónico que otros -yo estaba en estos últimos-, y que el entrenador buscaba el máximo de nosotros, y aunque a veces no estábamos convencidos  de sus ideas, si no tirábamos juntos para el mismo lado las cosas no funcionaban. Con el que mayores logros tuvimos fue de quien más desconfiábamos con sus ideas locas y sus videos traídos de la NBA. Pero claro… había que animarse a seguirlo. En diciembre después de mucho esfuerzo nos salvamos del descenso, pero el grupo se fortaleció y al año siguiente conseguimos estar en  el podio.

¿Por qué esta historia hoy?
Porque todo lo que aprendí practicando este deporte me ayuda a entender algunas cosas actuales.
Porque siento que algo similar nos pasa a algunos con la educación, y en particular con este cambio de paradigma que significa la incorporación de las nuevas tecnologías en la escuela.
Porque creo que es nuestra misión como docentes buscar la superación, capacitarnos, porque así también hacemos mejor a nuestro equipo.
Porque a veces debemos animarnos a recorrer caminos impensados y no es bueno desanimarnos ante las dificultades.
Porque estamos aprendiendo y nos vamos a equivocar mucho.
Porque tal vez no haya que hacer todo con una computadora… muchas cosas se siguen haciendo mejor si una computadora que con ella y seguramente habrá excelentes docentes que nunca las incorporen a su didáctica diaria.
Hoy internet hace que la información esté mucho más accesible que entonces, cuando tenía que esperar al domingo para saber lo que pasaba en el mundo basquet. 

No sé como terminará esta historia, pero me parece que si bien la experiencia -prueba y error- muchas veces es determinante, será mejor unificar criterios que llenar un país de proyectos aislados. Y que para lograr avances, en muchos casos, será necesario salir de la zona de confort que en ocasiones se apodera de nosotros. Bastará simplemente con atreverse.
Por suerte ahora también soy uno más, porque hay muchas personas que aún llenas de errores preferimos recorrer este camino.















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